Yo, en cambio, sólo me asocio a nombres y a rostros que acumulo como amuletos contra posibles desastres...
Rhoda. Las Olas,
Virginia Woolf.
Si ves que te miro con lastima, es verdad, te tengo lastima.
No te mentiria, jamás. Es que la verdad me da miedo decirte algo y romper con todo.
Pero si decidieras volver, bienvenido.
Recuerdo que te conocí un verano que parecía Otoño.
Recuerdo que me escondí varias veces al verte pasar, solo por la emoción de sentirme presa de un desconocido que me podría llegar a sonreír. Eras el chico de siempre, con esa boquita tan llena de presagios.
Esos ojos tan grandes, tan profundos, laberintos de nubes, tu sonrisa de niño.
De eso, de un temeroso infante que se pierde al ver que todo se derrumba.
Me dabas miedo.
Me das miedo.
Te escondiste muy bien.
A veces oía que me gritabas desde lejos y yo no podía voltear.
Es que... me siento solo; ¿no parece?
Seguro que no.
No parece porque yo así lo he querido.
Esconder, es la palabra.
Esconderme de ti, de todo, dentro muy dentro de mi.
Y de pronto te haces pasar por el mar, y a veces también por gente bailando.
Perdona, estoy asustado; te necesito...
Ojalá puedas volver, aunque sea un ratito.
Para no sentirme tan grande.
Para no sentirme culpable.
Para que si te encuentro, te invite a vivir de nuevo.