Quiero algo parecido a la venganza: quiero comprar un ave, quiero que este en su jaula.
Sí, le retratare cuando desesperado intente escapar y no pueda, porque yo sostendre la puerta, porque tu le pondrás seguro. Nos mirara. Te mirare desde dentro como un fiel pecador.
Me desnude, me morí, rasguñe mis huesos con esas fragancias turbias que transpiras, con ese aliento de agua salada. Seguro querrás abrirle la puerta a esa jodida libertad mediocre que te empeñas en volver estridente. ¡Qué tú no me viste caer! No sabes nada de eso; mirame dentro de estas mil máscaras. Rotas, sucias y olvidadas.
Oigo dentro el voraz grito de tu lujuria de nebulosas procedencias.
En mis pies, hormigas.
En tu cuerpo, frío de lodo.
No trates de volar más veces, que al final de los días, te tendrás que caer; se te romperán las alas y se quebraran las ganas de intentarlo, hasta que de pronto todo será escombros de sueños. Todo será el vacío y de su mano la soledad. Por eso matame. Por eso no me dejes verte más. Olvidame mil veces cien y busca nuevas tierras donde pensar en nada. Qué dentro de mi no encontraras más que valles cercados por el frío y mares que nadie controla.
Repugnante estigma deben cargar las manos: ganas de volar y seguir cayendo.
